
Marzo 2002.
Era mechona. Tenía cara de mechona y más encima, de talquina. Era una vil Carmela llegando a la ciudad. Supongo que en algo influyó porque me robaron dos veces la billetera ese año. Quizás, más que la cara, era que saludaba al micrero con un “Buenos días” cada vez que subía (en Talca es así) y obviamente le decía “Gracias” al bajar. Todavía tengo esa costumbre, pero ahora las gracias son porque llegué viva.
Mi madre quería que viviera en la pensión del Opus Dei. Para los que no tienen noción de lo que esto significa, es una pensión de lujo, pero hay que ir a misa 1 vez por semana, tomar "chocolate" todos los días con las niñas, y no pueden entrar hombres, sólo tu papá. Antes muerta, le dije. Así que me fui a vivir sola, a un depto 1 ambiente. Terrible. León enjaulado. Fue en ese período cuando adquirí ciertos movimientos estereotipados, caminaba en círculos por la pieza recitando anatomía e iba al supermercado para intercambiar palabras con un ser viviente: la cajera.
Mientras tanto, en Talca, mi pieza fue invadida rápidamente por una serie de pilchas de mi mamá (ocupando todos los espacios vacíos en los cajones) y herramientas de mi papá en mi bow window. Después apareció un computador de uso familiar, con lo que se acabó toda la privacidad.
Marzo 2003.
Segundo año. Ya me había mimetizado con los santiaguinos y CASI convertido en una de ellos. Podía responder qué micro tomar para llegar a tal parte y me sabía las estaciones de metro de memoria.
Me mudé con la Sole, una amiga. Depto viejo (pero amplio) con problemas de cañería. Se nos formaba piscina en la tina (Guacs!!!!) y creció una casa de papá pitufo en la pared, gracias a una filtración que iba desde el tercer al primer piso del edificio.
Como ninguna de las dos tenía tele, nos suscribimos al Mercurio. Un amable vecino comenzó a robarnos el diario los fines de semana. Por supuesto no sabíamos quien era. Un día le tendimos una emboscada: dejamos un diario viejo dentro de la bolsa en que lo traen con una nota que decía "Somos estudiantes, por favor no nos robe más el diario!!!!!!!!" No volvió a desaparecer.
Marzo 2004
Tercer año. Me dejé llevar por al amor y me fui a vivir con mi pololo de 5 años. Pasé de no tener tele a tener cable e Internet. No teníamos jardín y planté una cebolla (sobrante de algún almuerzo) en la jardinera. Fue motivo de bastantes burlas, pero creció, linda.
Septiembre 2004
Me rompieron el corazón, qué más puedo decir. La cebolla sigue en su sitio.
Octubre 2004
Volví a vivir sola. Me cambié ahí esperando que fuese mi última mudanza al menos en un buen tiempo. El depto es silencioso, tiene dormitorio y cocina CON PUERTA, y una ubicación privilegiada cerca del San Cristóbal, donde voy a pedalear. Soy feliz.
Actualmente:
Quinto año.
En Talca, la invasión a mi pieza es cada día peor. Tanto así, que cedí los derechos al enemigo (mi hno chico) para mudarse cuando guste.
Lo quiera o no, me he vuelto media santiaguina (nótese el media solamente). Antes, me reía de los santiaguinos cuando cuando reclamaban por el frío invernal. Yo, acostumbrada a las gélidas mañanas talquinas donde se nos congelaban hasta las cañerías. Ahora, estoy igual... más abrigada que hijo único...
Me encanta la calle San Diego: es la picá de los libros, está la casa matriz (no confundir con meretriz) de la casa Amarilla, y, por supuesto, están todas esas hermosas tiendas de bicicletas!!!!!!!!!!!!!!!!! Otro signo es que amo el metro. Lo encuentro tan bonito y hasta lloré cuando vi por la tele la inauguración de la línea 4 (aunque haya sido pura propaganda electoral)
Respecto a los completos, nunca he podido superar que te lo traigan sin PALTA!!!!!! Es lo que más echo de menos de mi querida ciudad natal.


